Los arcos, la piedra de la prensa y una puerta que nadie sabía abrir. Siete años decidiendo qué se queda.
La primera vez que entramos, medio tejado estaba en el suelo y una higuera crecía en mitad de la cocina. El arquitecto dijo que podíamos conservar los muros. Al final conservamos mucho más.
La piedra
Cada piedra que bajó se numeró y volvió a su sitio. Los arcos del patio son los originales, y la piedra de la prensa está ahora en el comedor, bajo la mesa larga.

Los muros miden casi un metro de grosor y están hechos sin mortero, a la manera de antes, por eso la casa se mantiene fresca en agosto sin aire acondicionado. Dos canteros de Cretas trabajaron con nosotros un año entero y nos enseñaron a distinguir la piedra de aquí de la que se trae del río.
El tejado
Las vigas son de sabina y de pino, algunas de hace trescientos años. Las que todavía aguantaban peso volvieron a subir. El resto se convirtió en la barra, los cabeceros de la habitación del Olivo y las estanterías de la biblioteca. Las tejas se bajaron una a una, se limpiaron y se volvieron a colocar, con tejas nuevas solo donde las viejas se habían roto.

Lo que añadimos
Suelo radiante con caldera de biomasa, ventanas gruesas de madera y mucho aislamiento escondido bajo las tejas. Todo lo nuevo es de madera, hierro o cal, para que dentro de veinte años parezca que siempre estuvo ahí.
La higuera también se quedó. Es la que ves desde el patio, y en septiembre da de comer a toda la cocina.



